La transmisión y el papel de la mujer ejes del proyecto muralístico de Judimendi Ahoz aho

El mural colaborativo de Irantzu Lekue aborda “desde la mitología” el papel de la mujer “como creadora de la agricultura, la lengua o el arte” y en la transmisión de tradiciones o creencias. “Por eso ha sido la mujer perseguida. Por eso fue víctima inocente de la imaginación obsesiva y misógina de los poderes religiosos y civiles”, explica la autora que ha trabajado codo con codo con la escritora alavesa Toti Martínez de Lezea para su realización. Son varias las asociaciones que participan en la creación de este nuevo mural que alcanza los 65 metros de largo.

GASTEIZ. El Parque de Judimendi es un lugar cargado de Historia y simbolismo. Cementerio de la comunidad judía que se asentó en Gasteiz hasta el siglo XV, es también el lugar donde la ciudad celebra el solsticio de verano, el fuego, la magia. En uno de sus grandes y negros muros, en el situado en la Calle Federico Baraibar la artista vasca Irantzu Lekue ha realizado “un mural que apuesta por integrarse en el lugar, que hace referencia a una parte de la Historia que ha sido invisibilizada, negada y perseguida”-. Lekue pone, en esta ocasión, a la mujer en el centro y la situa como transmisora de vida, de creencias, de sabiduría.

Un proyecto muralístico participativo y de innovación social que nace inspirado en el trabajo realizado por autores como Jose Miguel de Barandiaran, Rosa Iziz, Félix Placer, Ana Iziz y, sobre todo, a partir de los textos y conversaciones entre Lekue y la escritora alavesa Toti Martinez de Lezea además de las visitas que la artista ha realizado a lugares como Ekain, Zugarramurdi, Baltzola o Mairulegorreta, que han sido fuente también de inspiración para la consecución de este enorme mural situado en el hasta ahora oscuro y abandonado muro de la Calle Federíco Baraibar.

“En un principio quería trabajar sobre el tema de la brujería”, explica Lekue. Las brujas, esos seres oscuros, maléficos, terroríficos, que han pasado a la mente popular como símbolo del mal, de la adoración al Diablo, de las misas negras; capaces de hacer sortilegios, provocar tempestades, arruinar las cosechas, emponzoñar los pozos de agua, envenenar a las gentes honradas, matar niños, volar sobre escobas para asistir al akelarre…, “pretendía reivindicar lo que realmente fueron: víctimas inocentes de la imaginación obsesiva y misógina de los poderes religiosos y civiles”. “Después de las conversaciones mantenidas con Toti fuimos comprendiendo que podía no ser adecuado abordar así el tema ya que, dependiendo de cómo lo diseñáramos, podíamos estar dando -pictóricamente, al menos- la razón a los inquisidores”.

Una persecución, una tragedia que duró cerca de tres siglos en Europa, donde 100.000 personas fueron inculpadas y más de 50.000 ejecutadas en la hoguera y en la horca. “Esta gran injusticia, por la cual nadie ha pedido perdón, dejó en el subconsciente colectivo un recuerdo atemorizado en el pasado y folclórico en la actualidad” explica Toti Martinez de Lezea. “Ni la Iglesia, ni el Estado, ni la Inquisición inventaron la creencia en la brujería, pero sí inventaron una forma perfecta para fiscalizar a sus sujetos, imponer sus criterios y eliminar viejas creencias y tradiciones, opositores religiosos, heterodoxos, escépticos, disidentes políticos o simples rebeldes. Fueron responsables de las matanzas al dejar en manos de criminales la interpretación de la doctrina cristiana y de las leyes civiles. Dichos individuos, cuya perversidad y sadismo queda fuera de toda duda, controlaron la vida privada de las personas, aniquilaron la libertad de expresión y de credos, impidieron la libre circulación de las ideas y se encarnizaron con las capas sociales más débiles y, por tanto, con menos recursos para defenderse”, afirma.

La evolución del proyecto finalmente ha girado “hacia lo positivo” y ha apostado por visibilizar a la mujer “como lo que realmente ha sido en la Historia de la humanidad“ frente a conceptos o visiones que se han ido incorporando al imaginario popular, pero que no se corresponden con la realidad. La imagen del “mago de la tribu”, por ejemplo, es una de esas que se halla muy arraigada en nuestra iconografía mental. Sin embargo, explica Martínez de Lezea, “los primeros chamanes no pudieron ser otros que mujeres, puesto que al ser la maternidad el gran misterio y al ser las mujeres quienes daban la vida, es lógico pensar que fueran otras mujeres quienes se ocupaban de los ritos del nacimiento y, por tanto, de las invocaciones a esa Diosa-Madre”. Lo mismo ocurre con la agricultura. La palabra “cultura” procede del latín y significa “cultivo”. Cultivo de la tierra, pues está demostrado que, una vez asentados los seres humanos, las primeras agricultoras fueron las mujeres, quienes permanecían al cuidado de los hijos, ancianos y enfermos, mientras los hombres se ocupaban de la caza y de los trabajos más pesados (como la tala de árboles por ejemplo). “Hemos querido aprovechar la propia piedra del muro para integrarla en el mural; convertirla, mediante un trampantojo, en parte de una cueva y crear así una sensación diferente en las personas que diariamente pasan por aquí, una experiencia artística que hemos creado en auzolan, en modo participativo”, explica Lekue.

Al igual que la religión, cuando pensamos en los pintores de las cuevas nos viene a la mente la imagen de un hombre artista. Sin embargo, fueron las mujeres las que descubrieron y elaboraron los primeros tintes minerales y vegetales para tintar las pieles y la lana, explica Martínez de Lezea. “Es lógico pensar que también fueran ellas las primeras en “pintar” las cuevas. ¿Algo más fácil que dejar la huella de una mano en una roca? Al igual que fueron ellas las que descubrieron el barro para hacer recipientes en los que cocinar y almacenar y, por qué no, modelar.

 

Amari

Todavía en el siglo II existían templos dedicados a las Diosas-Madre en algunos lugares de Europa. En Euskal Herria nunca hubo templos, puesto que la creencia de nuestros antepasados era básicamente naturista. Su Diosa AMARI, ama-ari-da “la que es madre”. Mari no significa nada en euskara, “un idioma básicamente figurativo, por lo que resulta muy extraño que la única deidad importante de nuestra cultura se le llame así”. Si le quitas la “A”, el nombre se queda en “Mari”, muy similar a María, una forma de cristianizar a la diosa vasca, explica Martinez de Lezea

El paso de una sociedad matriarcal a otra patriarcal tiene mucho que ver con el asentamiento de las tribus nómadas, que trajo consigo la PROPIEDAD, la CONQUISTA, el poder económico y militar de quien más tuviera. La mujer, como transmisora de la raza, de la progenie, pasó a ser un valor a preservar para asegurar la transmisión del linaje masculino. “Se le prohibió decidir, tener posesiones, estudiar, ser libre. Sin embargo, y a cuentagotas, la Historia nos muestra mujeres que estudiaron, escribieron, enseñaron, pintaron, a pesar de los pesares, y transmitieron a sus hijas lo poco o lo mucho que sabían. En Euskal Herria el papel de la transmisión de las tradiciones, las creencias y la lengua ha sido obra de las mujeres”, afirma.

 

Así el mural de Lekue incorporará diversas figuras de mujeres a lo largo de la Historia. Como diosa de la fertilidad o deidad de la creación junto con muestras de las tradiciones o ritos del lugar, como descubridora de los pigmentos y pintando cuevas, trabajando la transmisión oral. “He querido también incorporar un río. Judimendi tiene varios ríos e investigando para realizar el mural he conocido algunas tradiciones ligadas al solsticio de verano. En Araba algunas de estas costumbres eran, por ejemplo, bañarse en los ríos para fortalecer el cuerpo, lavarse el cabello en las fuentes para que creciera más fuerte y abundante, revolcarse en la hierba con el rocío para evitar las enfermedades de la piel, echar los aperos, azadas, cuchillos, hachas, al río o a la fuente para que la luz de la luna los afilara, recoger plantas curativas, pues se creía que en el amanecer del solsticio de verano adquirían propiedades especiales o encender las hogueras para animar al sol a que siguiera brillando”

 

Colaboración con Fill In

El mural se va a desarrollar en el barrio de Judimendi, un barrio con un fuerte componente artístico ya que es aquí -y en Santa Lucia- donde el graffitti y el street art de Vitoria han encontrado su “fuerte”; su guarida. Así, el mural cuenta en lo técnico con la colaboración de Fill in culture la asociación que agrupa a varios de los creadores más prolíficos de la ciudad. “Vamos a unir dos técnicas: la del grafiti y la del muralismo. Uniremos nuestros sprays a los pinceles de Lekue. Nos gusta porque en cierta manera volvemos a los orígenes del graffitti en la ciudad”, afirma Aratz RB desde Fill In Culture. Hasta ahora, han realizado algunos murales con esta técnica, “pero no abundan en la ciudad ya que lo más habitual es que cada técnica complete sus obras basándose exclusivamente en una de ellas. La excepción en estos últimos años han sido los trabajos que hemos realizado junto a Sebas Velasco pero… no hay muchos más”, explica.

Fue el histórico Duda-X quien contó a los miembros de Fill in como en los 80, cuando los sprays llegaban todavía con cuentagotas a Vitoria–Gasteiz, trabajaban las paredes primero con pintura plástica y después, los acabados, con spray. “Sólo hacían con spray los acabados por el precio y la escasez de botes”, explica Aratz RB . El puente entre ambas técnicas es, de manera natural, el barrio de Judimendi y las medidas de la pared dan lugar a esta unión, embellecen el entorno -a día de hoy sucio y lleno de tags– y visibiliza el papel de las mujeres en la Historia. “Así el 30 de septiembre estaremos en Judimendi haciendo lo que más nos gusta, pintando e invitando a la gente a que se las goce rellenando”, explica.

 

Duendes en el parque

Ahoz aho tendrá además una pequeña extensión al Parque de Judimendi ya que está previsto que se incorporen cuatro personajes de la mitología vasca (al parque). Estarán diseminados, y su lugar no será revelado para que sean las personas que se acerquen hasta el parque las que encuentren -o no- a estos seres mágicos. “Inxixu, Ieltsu, Ipotx, Mamarru y Galtxagorri estarán en el parque de Judimendi, y lo que proponemos es un pequeño juego a las txikis de la casa, les invitamos a que los busquen… y los encuentren”, explica Lekue.

Ahoz aho es un proyecto muralístico en el que priman los elementos naturales y en el que conviven ritos y creencias paganas de nuestros antepasados con una vocación por integrar el mural al lugar donde estará presente. Un proyecto que es posible gracias a la convocatoria Haziak del Departamento de Juventud del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.

Date: octubre 9, 2017

Category: Muralismo transformador